La presencia de los radares en las carreteras, pese a las advertencias, no evita que muchos conductores se confíen y mantengan el vehículo por encima del límite de velocidad establecido. Sin embargo, hay un margen de error entre lo que marca el velocímetro del coche y lo que percibe la señal de estos detectores, lo que provoca que los radares se programen para evitar penalizaciones que se puedan reclamar posteriormente.

La Dirección General de Tráfico ha desvelado en un tuit cuál es ese margen, que se sitúa en 7 km sobre la velocidad límite autorizada. Es decir, que si la velocidad máxima marcada son 100 kilómetros por hora (km/h), el radar salta a los 108 km/h. Aplicado a las demás vías, resulta que si el límite son 50 km/h, salta a los 58 km/h; a los 60 km/h, a los 68 km/h, y así sucesivamente. A partir de estos registros es cuando el sistema sancionador se pone en marcha y se procesa la multa al conductor del vehículo y la posible retirada de puntos del carnet de conducir.

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